Ñ u s l e t e r


#19

-Mensaje trotamundos de literatura-

 

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"No hay ninguna diferencia entre el Tiempo y cualquiera de las tres dimensiones del Espacio, excepto que nuestra consciencia se mueve a lo largo de aquél." Herbert George Wells

"VLADIMIR: ¿Vamos, pues?
ESTRAGON: Vayamos.
(No se mueven)". Samuel Beckett


ÍNDICE

CUALQUIERA | Viaje sentimental | Laurence Sterne |
DEFINICIÓN | Chau |
POEMAS | Una valija vacía | Yaki Setton | | La calle del agujero en la media | Raúl González Tuñón |
TALLER LITERARIO
GRAFFITTI
ENLACES | Beatniks | Cine | Filosofía |
ETIMOLOGÍA | Turista |
PROSA | En el camino | Jack Kerouac | | Del viejo de la montaña | Marco Polo |
AGRADECIMIENTOS
SUSCRIPCIONES


CUALQUIERA

Viaje sentimental (fragmento)

    Más de un filósofo peripatético podrá haber advertido que la naturaleza establece, de su propia e indiscutible autoridad, ciertos límites y vallados para circunscribir el disgusto humano, y ha ejecutado su plan de la manera más sencilla, imponiendo al hombre la obligación, casi insuperable, de procurarse el sustento y aguantar los reveses de la fortuna dentro de su patria. Sólo allí proporciona la naturaleza al hombre aquellos objetos acomodados a compartir su felicidad o a ayudarle con el peso de esa desgracia que en todos los tiempos y lugares ha parecido excesiva para un par de brazos. Verdad es que también estamos dotados de cierta facultad restringida que nos permite expandir nuestra felicidad más allá de sus límites. Pero el desconocimiento de las lenguas, la falta de relaciones y dependencias, la diversidad de la educación, hábitos y costumbres, a tal punto nos impiden comunicar nuestras sensaciones fuera de nuestro mundo habitual, que a veces aquel don queda reducido a la más completa impotencia.
    De aquí que, invariablemente, la balanza del comercio sentimental sea contraria al aventurero expatriado: tiene éste que comprar lo que no le hace mucha falta al precio que le imponen; pocas veces se aceptará su conversación a cambio de la de los demás, sin un descuento considerable; lo cual, obligándole a buscar siempre corredores más equitativos para la pobre conversación de que dispone, ya se comprenderá, sin ser adivino, las molestias que le procura.
    Esto me lleva a mi asunto principal y me invita naturalmente a escribir sobre las causas eficientes y las causas finales del viajar.
    Toda esa gente ociosa que abandona su país natal por el extranjero tiene su razón o razones, las cuales derivan de una de estas tres causas generales:
        Enfermedad del cuerpo,
        Imbecilidad de la mente, o
        Necesidad inevitable.
    Las dos primeras clases comprenden a todos los que viajan por mar y tierra, sea por orgullo, curiosidad, vanidad o melancolía, subdivididos y combinados in infinitum.
    La tercera clase comprende al numeroso ejército de mártires peregrinos, y más especialmente a los que viajan prevalidos de su condición clerical; a los delincuentes, que viajan bajo la dirección de las autoridades, por exhorto del magistrado, y a jóvenes trasladados por la crueldad de sus padres o tutores...
    Todavía hay una cuarta clase... Me refiero a los que cruzan el mar y se establecen en tierra extraña, con el fin de ahorrar dinero, por varias razones y bajo pretextos cualquiera. A éstos les desginaré con este nombre: Simples viajeros.
    De modo que el ciclo completo queda reducido a estas secciones:
        Viajeros ociosos,
        Viajeros curiosos,
        Viajeros embusteros,
        Viajeros vanidosos,
        Viajeros melancólicos.
    A continuación vienen los de necesidad:
        Viajeros felones y delincuentes,
        Viajeros inocentes e infortunados
        Simples viajeros.
    Y, finalmente, con vuestro permiso:
        El viajero sentimental, (o sea yo)...

Laurence Sterne (1713-1768), Viaje Sentimental (1768), Colección Austral, Ed. Espasa-Calpe, Bs. As., 1948.

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DEFINICIÓN

¡Chau!: Es curioso que esta rápida forma de despedirse tenga relación con la esclavitud. La clave está en la palabra schiavo, que en la antigua Italia era una manera de decir adiós. Algo similar a lo que ocurre en español con servidor, que algunas personas emplean para señalar cortésmente que están a disposición de otros, tratamiento que subsiste en la fórmula Su seguro servidor, habitual en el cierre de cartas muy formales. (En algunos países europeos se dice servus, siervo, con análogo sentido). Con el tiempo, schiavo quedó abreviado como ciao (en genovés ciau)y pasó a nuestro país como chau, modo informal de despedirse que resume en una sílaba el "hasta pronto" o "hasta la vista". Chau agrega énfasis al adiós, como sucede cuando una amistad o un romance terminan bruscamente. O liquida una esperanza, como lamenta Cadícamo en "Anclao en París": "Acaso una noche me encane la muerte/ y, chau, Buenos Aires, no te vuelva a ver". Los argentinos hemos encontrado también la manera de endulzar t cuando queremos que todo resulte más suave nos valemos del chaucito. Un adiós en diminutivo que expresa junto con la pena el deseo de un encuentro.

En Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, Héctor Zimmerman, Aguilar, Buenos Aires, 1999.


POEMAS

Una valija vacía

Una valija vacía
entre los cuerpos de la multitud
una valija vacía
sola pobrecita
espero que alguien la cargue
                que alguien la tome
y la lleve a algún lado
                    una ciudad
aunque sea un pueblito
la abra llena
la vacíe de nuevo

Yaki Setton nació en 1961. Tomamos este poema de su reciente libro, Quirurgia, de donde extraemos también la escueta biografía que sigue a continuación. Es licenciado en Letras de la UBA y egresado del Instituto Nacional de Cinematografía. Publicó la antología La revuelta Surrealista (1990), la compilación Cartas a sus padres de Franz Kafka (1991), Vidas posibles (2000) en colaboración con Maite Alvarado y artículos sobre enseñanza de la poesía.

 

La calle del agujero en la media

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Una calle que nadie conoce ni transita.
Yo conozco la música de un barracón de feria,
barquitos en botella y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.

Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el affiche gastado del grotesco armazón
telaraña del mundo para mi corazón.
Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazos tendidos.
Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
que acarician de noche a los niños queridos.
Tenía el resplandor de una felicidad
y veía mi rostro fijado en las vidrieras
y en un lugar del mundo era el hombre feliz.

¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios
y muñecas de trapo con alegres bonetes
y soldaditos juntos marchando en la mañana
y carros de verdura con alegres colores?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento en primavera.

El ciego está cantando. Te digo, amo la guerra.
Esto es simple, querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la música viene a mi lado, la música.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda.
Alegres en lo alto de una calle cualquiera,
alegres las campanas con una nueva voz.
Tú crees todavía en revolución
y por el agujero que coses en la media
sale el sol y se llena todo el cuarto de sol.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
solo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.

Raúl González Tuñón nació en Buanos Aires en 1905. Sus primeros poemas aparecieron en la revista Caras y Caretas, y más tarde en Inicial, Proa y Martín Fierro. Desde el '26 empezó a colaborar con el diario Crítica. Su segundo poemario, Miércoles de ceniza (1928), ganó un premio que le permitió viajar a Francia y relacionarse con el surrealismo. Fue un viajero incansable y testigo de importantes acontecimientos sociales: presenció como corresponsal la guerra del Chaco paragüayo y la revolución de Vargas en Brasil, recorrió nuestro país, participó de la guerra civil española. Desde el '40 se radicó en Chile por cinco años, y a su regreso a la Argentina retomó la actividad periodística y emprendió viaje nuevamente: Pekín, Moscú, Praga, Ginebra, Estocolmo. Murió en Buenos Aires en 1974. Algunos de sus libros destacables son: El violín del diablo, La calle del agujero en la media, La rosa blindada, La muerte en Madrid, A la sombra de los barrios amados, La veleta y la antena.

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TALLER LITERARIO

Encuentros semanales de lectura y escritura. 

Coordinan: Alejandro Güerri - Fernando Aíta.

Algunos motivos para asistir, o no, a los talleres: http://www.niusleter.com.ar/taller.htm

Comunicarse a estos teléfonos: 4896-0140 / 4205-4284.
O a las siguientes direcciones:
niusleter@niusleter.com.ar


GRAFFITTI

"Lita: El desamor y el olvido se perdonan, la traición no". Visto en Muñiz e Hipólito Yrigoyen (¿Caballito?).

"Ahora es nunca y todo es nada". Pintado con decepción en Dorrego y Luis María Campos (casi Las Cañitas).

"Demosnos una mano. (La Venus de Milo)". Avistado en Soler, esquina Malabia (Palermo Viejo).

"¿Dónde va un color quisiera saber?". Duda hallada en Bulnes y Sarmiento (Almagro)

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ENLACES

Generación beat, amplia:
http://www.geocities.com/generacion_beat/

Todo para ver:
http://www.buscacine.com/

Diccionario filosófico:
http://www.filosofia.org/filomat/dfalf3.htm#p


ETIMOLOGÍA | Turista |

TORNO, 1220-50. Del latín TORNUS, y éste del griego tórnos 'torno, instrumento de torneador' (derivado de téiro 'yo perforo').
DERIVADOS, casi todos relacionados con la idea de 'dar vueltas (como un torno)': Tornear, 1335; torneo, 1220-50. Tornillo, 1490; atornillar; destornillar. Tornar, hacia 950, del latín TORNARE 'tornear', 'dar vueltas (a un objeto, por ejemplo, la barba); del correspondiente francés tour 'vuelta, paseo', viene el inglés tour 'viaje', del cual derivan tourism y tourist, y de éstos se tomaron turismo y turista.


PROSA

En el camino (fragmento)

   
Conocí a Dean poco después de que mi mujer y yo nos separásemos. Acababa de pasar una grave enfermedad de la que no me molestaré en hablar, exceptuando que tenía algo que ver con la casi insoportable separación y con mi sensación de que todo había muerto. Con la aparición de Dean Moriarty empezó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera. Antes de eso había fantaseado con cierta frecuencia en ir al Oeste para ver el país, siempre planeándolo vagamente y sin llevarlo a cabo nunca. Dean es el tipo perfecto para la carretera porque de hecho había nacido en la carretera, cuando sus padres pasaban por Salt Lake City, en un viejo trasto, camino de Los Angeles. Las primeras noticias suyas me llegaron a través de Chad King, que me enseñó unas cuantas cartas que Dean había escrito desde un reformatorio de Nuevo México. Las cartas me interesaron tremendamente porque en ellas, y de modo ingenuo y simpático, le pedía a Chad que le enseñara todo lo posible sobre Nietzsche y las demás cosas maravillosas intelectuales que Chad sabía. En cierta ocasión, Carlo y yo hablamos de las cartas y nos preguntamos si llegaríamos a conocer alguna vez al extraño Dean Moriarty. Todo esto era hace muchísimo, cuando Dean no era del modo en que es hoy, cuando era un joven taleguero nimbado de misterio. Luego, llegaron noticias de que Dean había salido del reformatorio y se dirigía a Nueva York por primera vez; también se decía que se acababa de casar con una chica llamada Marylou. (...)


Jack Kerouac vivió en total 47 años, los que van de 1922 a 1969. Nacido en Estados Unidos, murió también allí, no sin antes fundar el movimiento beatnik (junto a Allen Ginsberg, William Burroughs y Neil Cassady) y abogar por la prosa espontánea. Aunque sus compañeros de grupo lo consideraban un poeta, produjo principalmente novelas. En el camino (1957), escrita en tres días y considerada un manifiesto generacional, es un despliegue de vitalismo, ansiedades y experiencias alucinantes. ¿Otras obras suyas?: Los subterráneos (1958), Los vagabundos del Dahrma (ídem), La variedad de Dulouz (1967) y el libro de poemas Mexico City Blues (1967).

 

Del Viejo de la Montaña

    Mulecto es una comarca en a que solía morar el Viejo de la Montaña antiguamente. Ahora os contaremos el hache tal como micer Marco se lo oyó a muchos hombres. Al Viejo en su lengua le llaman Alaodino. Había mandado hacer en un valle entre dos montañas el jardín más bello del mundo; allí había toda clase de frutos y los palacios más bellos del mundo, completamente pintados de oro, de animales y pájaros. Había también canales: éste llevaba agua, aquél miel y por otro corría vino. Vivían allí damas y damiselas, las más bellas del mundo y las que mejor sabían cantar, tocar y bailar. El Viejo les daba a entender que aquél era el Paraíso. Y así lo hizo porque Mahoma había dicho que quienes fueran al Paraíso tendrían mujeres hermosas a placer y hallarían en él ríos de leche, de vino y de miel; por tal razón lo hizo parecido al otro del que hablara Mahoma. Los sarracenos de aquella comarca de veras creían que ése era el Paraíso; y en este jardín no entraba sino aquel a quien quería convertir en asesino. A la entrada del jardín había un castillo tan fuerte que no temía a hombre alguno del mundo, y nadie podía entrar en el jardín por otro camino que no fuera aquel castillo.
    El Viejo tenía en su corte a jóvenes, todos ellos de doce años, hasta los veinte años, los que, según le parecía, podían convertirse en hombres valientes. Cuando el Viejo mandaba que los metieran en el jardín, de cuatro en cuatro, de diez en diez, de veinte en veinte, hacía que les dieran a beber opio, de suerte que ellos dormían tres días cabales; los mandaba llevar al jardín y, allí dentro, hacía que despertaran.
    Cuando los jóvenes acordaban, se hallaban en el interior de aquel lugar y, viendo todas aquellas cosas, en verdad creían hallarse en el Paraíso. Y las doncellas permanecían siempre a su lado, cantando y solazándose con ellos, así tenían todo lo que deseaban, de tal suerte que por su voluntad jamás habrían partido de aquel jardín. El Viejo tiene una corte bella y rica y da a entender a los de aquella montaña que él era el profeta de Dios, que es tal como os he contado. Y cuando quiere mandar a alguno de estos jóvenes a algún lugar, hace que les den el brebaje para que se duerman y los manda sacar del jardín hasta su palacio. Cuando éstos acuerdan, se hallan allí. Mucha es su maravilla y su tristeza por encontrarse fuera del Paraíso. Van de inmediato ante el Viejo, creyéndole un gran profeta, y se arrodillan. Él les pregunta:
    -¿De dónde vienes?
    Responden:
    -Del Paraíso.
    Y le cuentan lo que en él han visto y sienten gran deseo de volver. Y cuando el Viejo quiere hacer matar a alguna persona, manda que le lleven al más fuerte y le ordena matar a quien él quiere: y ellos lo hacen de buen grado para volver al Paraíso...

Marco Polo fue apresado en 1296 por los genoveses. Estando en prisión dictó en latín a su compañero Rusticiano de Pisa su Descripción del mundo, el relato de cuanto vio y oyó en sus travesías por Oriente: desde su primer viaje junto a su padre Nicoló y su hermano Mateo, mercaderes venecianos, hasta el imperio del gran Kublai Khan quien lo protegió, encargó numerosas misiones y nombró gobernador de Sung.

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AGRADECIMIENTOS:

Nos paseas por el cosmos, Mariano Valcarce, Soporte Técnico.
Alberto Chamorro, por el aliento y la hospitalidad.
A quienes hospedan Ñusleter en su memoria o disco rígido.
A quienes lo envían a sus amigos remotos.


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